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De un mismo árbol, de Claudia Fischer: migración, cultura y familia

Actualizado: 29 feb

Crítica cinematográfica del último documental de la cineasta bogotana


Por Carmen Viveros Celín



En De un mismo árbol, el último documental de Claudia Fischer, la directora nos invita a participar de un ejercicio estético que revela la diversidad y plasticidad de nuestra propia existencia, asociada a la metáfora del árbol, que fortalece sus raíces más profundas gracias al fenómeno migratorio, componente fundamental del adn de la especie humana. 


En una de las secuencias del documental, la actriz Paola Baldión Fischer, hija de la directora, relata que se ha realizado la prueba de ADN para conocer acerca de sus orígenes, mejor dicho: sus raíces. También afirma sentirse un “híbrido” debido a su trasegar por el mundo a través de muchas geografías, culturas y lenguas. Para representar audiovisualmente dicho testimonio, Paola construye una especie de collage en el que repite su propia fotografía, caracterizando en cada una su apariencia física de acuerdo a lo reportado por la prueba de ADN: Paola es 22% italiana y griega, 29% nativa americana, 10% británica, 2% oriente medio, 2% africana, y 1% escandinava, polinesia, irlandesa y asiática. Dicha imagen se convierte en una celebración de las culturas del mundo y la convergencia de todas ellas en la construcción de nuestra identidad, en la evidencia irrefutable de que todos provenimos “de un mismo árbol”, el cual se nutre de una savia multicultural.


Fotograma tomado del largometraje "De un mismo árbol" (2023).

Como es bien sabido, los asuntos de familia se configuran utilizando la metáfora del árbol, cuya frondosidad puede ser variable si sus ramas se expanden a los procesos migratorios dominados por el intercambio cultural entre migrantes y nativos, o bien si ahonda, cual raíces, en el diálogo íntimo entre abuelos/as padres e hijos/as a través del tiempo. El de Claudia Fischer es un árbol que crece en todas estas direcciones, desdibuja los límites, va y viene de lo macro a lo micro, de lo externo y visible a lo profundo y oculto, pues entre los miembros de su familia no solo se han traspasado conocimientos y afectos de una generación a otra, sino que también han configurado la idea de lo familiar como algo que atraviesa fronteras geográficas, culturales y artísticas. Esta gran familia ha hecho del arte la savia que nutre su árbol genealógico logrando que lo cotidiano se articule alrededor de la creación artística y el arte como filosofía de vida.


El arte como savia y filosofía del gran árbol de la vida

En De un mismo árbol, el dispositivo cinematográfico de la directora es sencillo, visible y al mismo tiempo: profundo. Ella fluye con su cámara y micrófono para introducirse en las casas y los lugares de trabajo en donde los artistas de su familia producen e instalan sus obras. A través de un diálogo discreto e íntimo, cada uno va develando sus motivaciones y su forma de ver y sentir el mundo a través del arte. Fischer nos hace participes así del misterio y el origen de los procesos creativos de los miembros de su familia. Practican diversas disciplinas: dibujo, pintura, escultura, cine, arte dramático, fotografía, literatura, culinaria.  Con ellas, la directora teje una serie de reflexiones de hondo calado que invaden la imaginación de los espectadores, yendo de lo más complejo hasta lo más elemental  como, por ejemplo, aquella que plantea Nicolás Cárdenas Fischer, pintor, al hablar del objetivo del arte y de las obras artísticas: “que la gente se de cuenta que está viva”. 


Fotograma tomado del largometraje "De un mismo árbol" (2023).

Santiago Cárdenas, artista y tío de la directora, es la raíz fuerte y robusta que sostiene este árbol familiar. Es quien ha bombeado hacia sus troncos, ramas y hojas la savia del arte para convertirlo en mucho más que un trabajo u oficio: se trata más bien de una gran filosofía de la vida que ha nutrido a toda la familia, generación tras generación. Santiago aborda el arte con disciplina y misticismo, con carácter y humildad, con rigor y humor. Como un proceso que se expande en diálogo con las tendencias del arte en el mundo: moderno, conceptual, pop, expresionismo abstracto… pero también como expresión de lo colombiano. “¿Qué es lo colombiano?”, se pregunta. “La manera como la gente hace las cosas. Lo pequeño, lo cotidiano”, se responde. Nada más auténtico que la manera libre en que hacemos las cosas en el día a día. El artista nos plantea el ejercicio cotidiano de nuestra libertad cuando expresamos genuinamente aquello que llevamos dentro, aflora entonces lo auténtico, lo verdadero.


Santiago Cárdenas, también va más allá, señala la importancia de crear un entorno de ilusión para el espectador, un portal de entrada a la imaginación que les permita experimentar momentos de verdad. Como el que alude otro de los artistas, Guillermo Cárdenas Fischer, al concebir el arte como la expresión de la mirada y el sentir propios: “nadie puede ver el mundo como yo lo veo”, “si plasmo lo que estoy sintiendo, la gente lo cree”, una perspectiva filosófica que dimensiona el estatuto de verdad de la obra de arte, el cual se mueve desde la mirada y el fuero interno de las emociones y los sentimientos de quien crea, hacia la experiencia estética del espectador. 


La casa: hogar y bienestar
Fotograma tomado del largometraje "De un mismo árbol" (2023).

La casa es un lugar recurrente en el documental. La casa, ese lugar de encuentro e intercambio, donde se gesta una intrincada urdimbre de raíces, troncos y ramas de una misma familia. En definitiva: ese lugar del árbol. Uno de los entrevistados, el arquitecto Carlos Guillermo ’Memo’ Fischer Muñoz (qepd), además de referirse a sus muchos encargos de diseño arquitectónico, habla sobre la génesis y el proceso de diseño y construcción de la casa inspirada en sus ancestros, una casa autobiográfica, que refleja la historia de la propia familia. El árbol, plantado en el centro de la casa, ocupa un espacio a cielo abierto que permite la expansión y la superación de las limitaciones que muchas veces imponen estructuras rígidas. La casa custodia los recuerdos materiales e inmateriales de aquellos que la habitan o la han habitado y, al igual que el documental de Claudia Fischer, nos presenta la historia de la familia como una obra de arte. El documental también nos plantea una casa que sobrepasa los límites materiales, la geografía y la cultura y es capaz de convertirse en hogar, uno universal, como bien lo apunta la directora: “ese lugar donde me siento bien”.


Sobre la obra audiovisual de Claudia Fischer

Los dos primeros documentales de Claudia Fisher, Ati y Mindhiwa (2016) y Wërapara (2023) ya señalaban su interés por lo familiar y multicultural en su obra audiovisual, además del diálogo intergeneracional. En Ati y Mindhiwa, la directora sigue el camino de dos hermanas, pertenecientes a una familia de la comunidad arhuaca de la Sierra Nevada de Santa Marta, en su travesía migratoria para hacer realidad sus vocaciones de vida, una hacia Bogotá y la otra hacia Cuba. Se trata de un documental que se introduce en los lugares donde tiene lugar la vida cotidiana de la familia, en sus rituales de limpieza, sus calmas conversaciones, sus jornadas colectivas de tejido y las largas caminatas a lo largo de los verdes y sinuosos caminos de la sierra. Ati y Mindhiwa nos muestra la comunión de esta familia con el territorio al que pertenecen, su cosmogonía, su manera de ver y sentir el mundo. Un documental en el que las mujeres dominan la narración en diálogo constante con sus ancestros y el tejido de sus inquietudes y sueños del futuro.


Pósters de los documentales "Ati y Mindhiwa" (2016) y "Wërapara" (2023).

En su segundo documental, Wërapara, Claudia Fischer también ofrece una mirada a las formas diversas de la existencia en el corazón de la cultura Embera chamí, en el que sus personajes ponen en evidencia la infinita posibilidad de transformación del cuerpo, que es lo propio de la naturaleza humana. Wërapara es un documental en el que las voces de las mujeres mantienen un diálogo intergeneracional sobre el potencial de transitar a través de diversas geografías y formas de la identidad, como si esta fuera un árbol en expansión. Se aborda también la construcción de la identidad colectiva entendida como experiencia estética y espacio para la expresión artística, como un proceso con la capacidad de franquear todo tipo de límites geográficos, culturales y corporales.


La trilogía que forman De un mismo árbol, Ati y Mindhiwa y Wërapara configuran una especie de indagación de Claudia Fischer, que va desde la raíz: los pueblos indígenas en lo profundo del territorio colombiano, al tiempo que rastrea las trayectorias de generaciones sucesivas de su propia familia, que crean sus identidades y el derrotero de sus vidas de manera diversa, producto de los flujos migratorios, el diálogo intercultural y las búsquedas personales de quienes son, en últimas, las hojas “de un mismo árbol”, el gran árbol de la nación colombiana.




Ponte en contacto con la autora: carmenviveroscelin@gmail.com 


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