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Tres hermanas y el arte de “saborear cada minuto”

Foto del escritor: Encuadradas
Encuadradas
30 sept
3 min de lectura

Crítica cinematográfica

Por Carmen Viveros Celín



En Tres hermanas, Joyce Ventura observa a tres mujeres en la edad madura, llenas de experiencias, carácter y vitalidad, mientras cuidan a su madre y se enfrentan, cada una a su manera, a la conciencia del paso del tiempo. El espíritu de la celebración inunda la película, hay en ellas una manera de habitar la existencia desde el disfrute, de mirar la vida y, sobre todo, de saborearla. Pero esta celebración nunca pierde de vista aquello que la hace urgente, “uno va hacia la muerte”, dicen, y justamente por eso hay que “saborear cada minuto”.


Los ochenta y los noventa aparecen no solo como edades, sino como territorios de una vida que se contempla a sí misma. La película se instala en esa edad del carácter, cuando el cuerpo ha acumulado experiencias y se enfrenta a sus propios límites, y hace de las manos, de los rostros, de las miradas, del caminar, una materia expresiva. Las posibilidades del cuerpo determinan también las posibilidades de la mirada. El ritmo de la vida no es igual para todas, está profundamente vinculado con aquello que el cuerpo todavía puede hacer, con su capacidad de desplazarse, de tocar, de sostener, de mirar. Ventura parece preguntarse cuánto podemos agotar las posibilidades de la mirada antes de que el cuerpo nos obligue a detenernos. La muerte no es aquí una abstracción ni un acontecimiento lejano, forma parte de la memoria familiar y se instala en el presente como una promesa que les cuestiona y suscita en las hermanas otra conciencia de la vida. Frente a ella, las tres hermanas mayores cuidan a su madre y, al hacerlo, parecen también cuidar una historia compartida, un tiempo que se resiste a desaparecer.


Fotograma tomado del documental "Tres hermanas" (2026) de Joyce Ventura.
Fotograma tomado del documental "Tres hermanas" (2026) de Joyce Ventura.

Uno de los gestos más sugerentes de la película es su relación con el archivo. En medio de las conversaciones, hay momentos en los que se cruza un umbral que las lleva hacia otro tiempo. La imagen del presente abre paso a otras imágenes, a otras edades, a otros cuerpos. El pasado irrumpe sin abandonar del todo el presente. El juego de pantallas, la imagen del celular, la imagen doméstica, la estación de montaje, hacen visible esa convivencia de tiempos y a la vez configura una memoria que no es lineal, sino fragmentaria, afectiva y viva.


También hay momentos de inmovilidad en los que pareciera que la vida se ha detenido. Sin embargo, incluso allí la película encuentra movimiento, en una mano, en una mirada, en una conversación, en el recuerdo que vuelve. El cuerpo quieto no significa necesariamente una vida detenida, puede ser el lugar desde donde se contempla con mayor intensidad todo aquello que ha pasado.


Así, Tres hermanas se convierte en una larga meditación sobre el destino inminente de la vida. Pero no es una meditación sombría. Ventura encuentra, en la cercanía de la muerte, una razón para celebrar; en el desgaste del cuerpo, una posibilidad de mirar de otra manera; en el archivo, una forma de volver a habitar lo vivido. Las tres hermanas nos recuerdan que el tiempo avanza para todas, aunque no de la misma manera, y que quizá vivir consiste precisamente en reconocer esa fragilidad sin dejar de disfrutar la existencia. Sin dejar de saborear cada minuto…



Ponte en contacto con la autora: carmenviveroscelin@gmail.com 

 
 
 

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