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El horror como vehículo exploratorio de la autonomía femenina

Por Lucía Arrázola


Para muchas personas, el horror es un género explotativo y brutal, plagado con cuerpos femeninos mutilados, desnudos y llenos de violencia sexual. Este género es propenso a caer en recursos narrativos y en figuras como la Chica Final, utilizadas frecuentemente como chivos expiatorios para el sadismo y el trauma por parte de directores masculinos. No es común ver el horror presentado como un género feminista, pero en las últimas décadas han aumentado las instancias donde el género ha virado a ser utilizado como vehículo para representar los horrores de la feminidad, la pérdida de autonomía corporal y las luchas generales que están atadas a todo lo que implica ser mujer.


El horror como género controversial, grotesco y poco convencional, presenta el espacio ideal para contar esas historias de las cuales la sociedad huye. Las que hieren sensibilidades, a las cuales les cerramos los ojos y oídos y relegamos a una esquina fuera de conversaciones de sobremesa y reuniones familiares. El horror no se aleja de la oscura realidad; este la abraza.


No es una coincidencia que fue Carrie (1976) la primera película en mostrar la sangre menstrual. Entre el vapor de las duchas y las burlas de sus compañeras, la confusión y terror de ver los cambios que le ocurrían a su cuerpo llevó a Carrie White a manifestar sus poderes telequinéticos cuya monstruosidad se presenta como una alegoría directa a la pubertad reprimida que vivía la joven en manos de su madre. Pero más allá del acto de la menstruación - experiencia no necesariamente atada a la mujer - esta película muestra el terror de estar fuera de tu cuerpo, cohibida de entender sus cambios y funciones, permanentemente atormentada por el pecado de Eva. El cuerpo de Carrie cumple ambas funciones: víctima y victimario; manifestando su confusión y rabia hacia un mundo en el que no se le ha enseñado a vivir.


Se puede considerar a Carrie como una de las precursoras espirituales en una serie de películas desarrolladas décadas después, consideradas como un tipo de Coming-of-age de horror. Estas películas han encontrado en el género las codificaciones necesarias para representar lo terrorífico y confuso que puede llegar a ser ese paso de niña a mujer, elevando y asemejando los miedos atados a este a los elementos fantásticos que proporciona el horror.


En esta categoría tenemos películas como Raw (2016) dirigida por Julia Ducournau, que trata sobre Justine, una joven vegetariana que come carne por primera vez durante un rito de iniciación universitario, desatando en ella un deseo incontrolable por consumir carne humana. Y así como en Carrie, el desarrollo de su canibalismo se presenta paralelo a su paso hacia la independencia, ambos significando el desencadenamiento de sus necesidades más oprimidas.


En el horror la represión puede ser representada por lo que es, opresiva y terrorífica pero increíblemente cotidiana, rondando en el fondo como un fantasma posiblemente más aterrador que los monstruos que vemos en pantalla. En Raw, el verdadero terror no recae sobre el canibalismo de Justine, si no en el hecho de que este ha sido escondido de ella, un hecho inevitable que solo necesitaba una gota de sangre para florecer. Esto es espejo de la exploración sexual de Justine y el estigma que existe alrededor de la sexualidad femenina que se encuentra envuelta en un velo de vergüenza y tapujos, impidiéndole a las mujeres apoderarse de ella. Es el deseo suprimido el que desencadena una serie de peligros y acciones que atentan mental y físicamente contra ella misma y a aquellos que se encuentran en su entorno.


Esta relación sexualidad - monstruosidad también es explorada de manera interesante en Thelma (2017), ya que esta expande el tema hacia la orientación sexual, donde es el descubrimiento y la represión de su atracción hacia las mujeres lo que aflora los poderes del personaje principal. En ambas películas se explora la represión como tema central, y cómo esta se produce en todos los entornos, desde generales a particulares, haciendo énfasis en el núcleo familiar como reproductor de dicha represión.


En su codificación el horror tiene ciertos recursos narrativos que perpetúan estereotipos dañinos y exteriorizan moralidades. Cada película y sus autores toman decisiones sobre quién vive y quien muere, comúnmente escogiendo infligir castigo sobre personajes femeninos que muestran “malos” comportamientos como vanidades o promiscuidad. De aquí es donde emerge la figura virginal en el horror: ese personaje puro que merece llegar hasta el final.


Pero es el mismo horror el que puede subvertir estas preconcepciones y desafiar las ideas del género. Esto se hace presente en películas como Jennifer's Body (2009) donde el tema de la virginidad es explorado. El personaje de Jennifer es utilizado por un grupo de hombres como un sacrificio al diablo, pero al no ser virgen este falla y ocurre una transferencia demoníaca que la convierte en un súcubo. La sexualidad es la fuente de su poder y aunque al final es este el que la lleva a la posesión de su mejor amiga y su subsecuente muerte, hay un grado de empoderamiento ligado al hecho de que Jennifer logra tomar en sus manos su sexualidad, usándola contra aquellos que pretendían herirla por ella en primer lugar.


A veces cuando desfiguramos la humanidad es que podemos comprenderla; materializando sus miedos para obligar al espectador a enfrentarlos. En todas estas películas el género de horror es perfecto para mostrarles a las audiencias lo terrorífico que puede ser crecer como mujer, utilizando codificaciones previas del género para ofrecer un entendimiento más empático. Sin embargo, todavía hay mucho que explorar en este nuevo campo del “horror feminista”; en especial porque a este le urge abrirle paso a otro tipo de feminidades más allá de las mujeres blancas cisgénero, logrando recopilar diversas experiencias para dar una imagen más plural de lo que es ser mujer. Debemos mantenernos alerta al desarrollo del género mientras este se forma en el panorama más amplio del terror y del cine en general.



Ponte en contacto con la autora: luciaarrazola05@gmail.com



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